Soy Claudia
Médica especializada en trauma emocional y regulación del sistema nervioso.
«Aquello que buscas también te está buscando a ti.» — Rumi
ContáctameDesde la medicina convencional hasta el entendimiento del ser humano
Mi camino comenzó mucho antes de estudiar Medicina. Como muchas personas, durante años viví intentando convertirme en quien creía que debía ser. Aprendí a adaptarme, a complacer, a responder a expectativas y a construir una vida que, desde fuera, parecía tener sentido, pero que cada vez se alejaba más de quien realmente era.
"Vivía desde la máscara."
Estudié Medicina porque me fascinaba y fascina comprender el funcionamiento del cuerpo humano y servir a las personas. Más tarde inicié la especialidad de Neurología, donde profundicé durante tres años en el estudio del sistema nervioso, y las enfermedades neurológicas.
Cuando me quitaba la máscara y me sentía libre, profundizaba en la esencia del ser humano, en el origen verdadero de la enfermedad y en la relación de presencia con la persona que tenía delante. Cuanto más avanzaba en la especialidad, más evidente era que aquella no era la medicina que quería ejercer.
No me identificaba con un modelo mecanicista, farmacocentrista y experto en explotación del personal sanitario. Intuía que tenía que existir otra manera de acompañar el sufrimiento humano. Una medicina donde la persona no quedara reducida a un diagnóstico y donde el cuerpo no fuera únicamente un conjunto de órganos que reparar.
"Nunca dejé de amar la Medicina. Lo que dejé fue una manera de practicarla que ya no podía hacer mía."
Mi decepción ante un sistema farmacocentrista y mecanicista me llevó a tomar la decisión de dejar la especialidad.
Lo difícil no fue darme cuenta. Lo difícil fue permitirme salir de un camino que durante muchos años había sentido que debía recorrer.
Preparé un segundo examen MIR, obteniendo nuevamente una plaza. Sin embargo, también la rechacé, porque en el fondo sabía que ese realmente no era mi camino. Después llegaron la incertidumbre, el vacío y una profunda sensación de no pertenencia con las consecuentes devastadoras implicaciones en mi salud física y emocional. Durante bastante tiempo sentí que no tenía rumbo ni propósito vital.
Pero en realidad, lo que me estaba desprendiendo era una identidad que nunca había sido mía pero que acogí como propia. Durante mucho tiempo identifiqué quién era con aquello que había estudiado, con mi profesión, con los logros alcanzados y con la imagen que proyectaba hacia los demás.
Pensaba que yo era la médica, la residente, la estudiante brillante o la profesional responsable. Cuando todo aquello dejó de sostenerme apareció una pregunta mucho más profunda.
"Cuando todo parecía no tener sentido, encontré lo más valioso: el cuerpo como puerta de regreso a la vida."
¿Si no soy médica, qué soy?
Ese fue el comienzo del regreso. Descubrí que somos mucho más que nuestra profesión, nuestra historia, nuestros pensamientos o nuestras emociones. Todo ello forma parte de nosotros, pero no constituye nuestra identidad más profunda.
Existe un lugar desde el que podemos observar nuestra historia sin quedar atrapados en ella, escuchar nuestro cuerpo sin identificarnos únicamente con el síntoma y empezar a elegir cómo queremos vivir. Somos el observador que observa todo eso.
Dos personas pueden experimentar una vivencia similar de maneras completamente distintas. Se describen al respecto múltiples causas, como nuestra biología, la genética, las experiencias tempranas, la historia familiar, las dinámicas transgeneracionales, el contexto sociocultural en el que crecemos y otras dimensiones sutiles de nuestra existencia.
Pero esa no es la pregunta que guía mi trabajo. La pregunta es otra: ¿Cómo podemos relacionarnos con aquello que experimentamos para recuperar la conexión con nosotros mismos?.
Gran parte del sufrimiento y enfermedad aparece cuando dejamos de escucharnos. Cuando nos alejamos de nuestro cuerpo, de nuestras necesidades, de nuestros límites y de aquello que profundamente somos.
"Todo lo que la universidad llamaba complementario, se volvió mi faro."
Por eso hoy acompaño a personas con síntomas físicos, emocionales y psicosomáticos desde una medicina sensible al trauma cuyo propósito no es únicamente aliviar un síntoma, sino favorecer un regreso a uno mismo.
Trabajo desde y a través del cuerpo porque es el lenguaje más honesto que tenemos. En él quedan registradas muchas de nuestras experiencias y también reside una extraordinaria capacidad de autorregulación cuando encuentra las condiciones adecuadas.
Integro diferentes abordajes terapéuticos, como Somatic Experiencing®, NARM®, mindfulness, terapia cuántica y medicina natural. Cuando la situación lo requiere, también prescribo tratamiento farmacológico. Sin embargo, ninguna herramienta constituye el centro de mi trabajo.
Mi propósito no es generar dependencia de un profesional, de una técnica o de un tratamiento. Mi propósito es acompañarte para que recuperes tu capacidad de escucharte, confiar en ti, autorregularte y vivir con mayor autonomía, presencia y responsabilidad.
El centro es la persona
Los animales y la naturaleza
Los animales y la naturaleza también forman parte de mi historia. Durante mi infancia fueron un refugio. En ellos encontré calma, seguridad y una forma de presencia que dejó una huella profunda en mi manera de entender la vida.
Por eso hoy acompaño tanto a personas como a animales. El respeto por la vida no entiende de especies. Forma parte de una misma mirada.
Una mirada que reconoce que todavía existen muchas preguntas abiertas sobre la conciencia, la percepción y el potencial humano. Preguntas que, lejos de incomodarme, alimentan mi curiosidad y mi deseo de seguir aprendiendo.
La ciencia me ha enseñado el valor del rigor. La vida me ha enseñado el valor de la humildad. Ambos forman parte de mi manera de ejercer la medicina.
Trabajo como puente
Integro lo vivencial y lo teórico. Desde la humildad de quien ha vivido y estudiado lo que hoy acompaña. Desde la confianza en que no estás rota/o, estás volviendo a ti.
Hoy sé que mi vocación nunca fue tratar enfermedades. Mi vocación es acompañar a las personas a recuperar su salud. Y la dimensión emocional es crucial para ello.
Los médicos no curamos. Intentamos proporcionar, por distintas vías, las condiciones necesarias para que tengan lugar los procesos de autorregulación del cuerpo. La sanación es un proceso biológico inherente al ser humano.
La verdadera salud no consiste únicamente en dejar de enfermar. Consiste en recordar quién eres, volver a habitar tu cuerpo y vivir la vida desde tu verdad, en coherencia.
"Uniendo ciencia y conciencia."
¿Qué quiero?
Fomentar la autonomía, responsabilidad y presencia de las personas a través de un enfoque médico integral sensible al trauma para que alcancen una salud global y un bienestar sostenido.
Empieza tu procesoTrayectoria formativa
Desde la medicina convencional hasta la real